*N.A: Esta historia está escrita con intención de
entretener, sin fines de lucro.
# Capitulo Primero:
Sabía que lo que más ansiaba en aquel momento era salir
corriendo y no mirar atrás, quizá no era buena para esos inicios en lo
respectivo a ser sociable y la más popular del instituto no era precisamente
uno de sus hobbies favoritos. Por lo tanto ella se quedaba apartada, al final
de la clase, mirando por la ventana cómo los cerezos rosados comenzaban a
descender. La primavera, pensó.
.- Necesito que me presten atención. –dictó el tutor,
haciendo que la mayoría de la clase dejaran las charlas y mirasen a éste mismo
con interés. Los cuchicheos fue lo único que reinó en la sala. – Hoy tenemos a
una nueva alumna en el instituto, y espero que seáis amables con ella y le
ayudéis en todo lo posible.
No se preocupó en ladear el rostro y mirar a la recién
llegada, simplemente sus dorados ojos seguían con atención esos cerezos, su
flor favorita, sin perder lujo de detalles. Para la peliazul todo lo demás era
indiferente, necesitaba evadirse. No podía soportar aquellos murmullos, y mucho
menos los pensamientos de todos los presentes que se agolpaban en su cabeza
como molestos martillazos. ¿Quién iba a creerse que una “humana” normal y
corriente como ella podría siquiera leer los pensamientos de la gente sin
ninguna intención de ello? ¿Sólo porque si? ¿Acaso no la tomarían como un bicho
raro o como una loca? Eso es lo que pensaba la joven, y por ello guardaba su
secreto hasta lo más profundo de su interior.
.- ¡¡Hola!! ¿Puedo sentarme a tu lado? Es que no hay más
asientos libres. ¡Gracias, y encantada eh! –Un torbellino de palabras se
amontonaron en un momento al lado de ella, por lo que tuvo que ladear el rostro
y posar su atención en la joven recién llegada.- ¡Mi nombre es Anne, Anne
Wulff! –extendió su mano con toda la confianza del mundo hacia su compañera,
con una amplia sonrisa surcando sus carnosos labios.
Y entonces es cuando la analizó. Tenía largos y lacios
cabellos de un negro inmaculado, como la noche; sus ojos eran como dos
brillantes gotas de agua, azules como el mismísimo cielo; sus pómulos y el
perfil de su nariz estaban decorados con pequeñas pequitas que le daban un aire
aniñado e infantil. Era delgada, y poseía una delantera normalita, no tenía
demasiadas curvas, y era de estatura media. Se notaba que aún estaba en proceso
de crecer, pero seguía teniendo ese matiz que le daba una sensación de niña
pilla.
.- Mikio… Me llamo Mikio Harikawa. –le devolvió el gesto,
extendiendo su mano para aferrar la de la joven, con una tierna sonrisa en el
rostro.
La peliazul no era precisamente borde, ni cerrada, al revés
era muy dulce y tímida, por eso no le gustaba llamar demasiado la atención. Sin
embargo le captó el interés aquella recién llegada, y era porque… no podía leer
sus pensamientos, no si no la tocaba.
Quién le diría entonces que esa morena recién llegada sería
su salvación. O su perdición.
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.- ¿Qué te parece? ¿Has visto a ese tío? ¡Estaba super
bueno! ¡Arg, si no fuera porque Ebba me mata si llego tarde a casa, me quedo
para charlar con ese bombón! –Los afables comentarios de la morena hacían reír
con ganas a la peliazul, que la seguía con tranquilidad, ocupada sólo de
aferrar su bolsa al hombro y la carpeta en su brazo izquierdo.- ¿A ti no te ha
gustado Mikio? ¡Venga, no jodas! Que era un rubiazo que… ¡Quitaba el hipo!
Se encogió de hombros con gesto despreocupado, pues tampoco
se había fijado demasiado en el joven que había pasado por su lado. Desde hacía
ya un tiempo en la mente de la pequeña peliazul estaba el recuerdo de un chico
que había conocido haría ya casi cuatro meses… Pero ella no se olvidaba de esos
ojos, de esa mirada tan fría y penetrante, de su calor, de su cariño…
.- … tus intestinos. –finalizó una frase que la más pequeña
de las dos no llegó a captar por completo cuando la mayor la pronunció.- ¿Me
has escuchado?
.- ¿Eh? No… ¿Qué decías?
.- Que voy a hacerme un columpio con tus intestinos. –pronunció
tan tranquila mientras le dedicaba una amplia y satisfactoria sonrisa a su
amiga.- ¡Que es broma! Es que no me estabas escuchando, y quería saber si así
me atendías, pero ni con esas… ¿Qué pasa por tu azulado cerebro, pequeñita?
¿Acaso hay… algún amor? –empezó a mover las cejas de arriba abajo con gesto
pillo.
El rostro de la peliazul se volvió repentinamente de un tono
rojizo que se le pudo confundir perfectamente con un tomate cherry. Las
carcajadas de la morena hicieron que la más pequeña comenzara a caminar aún más
rápido, intentando por todos los medios esconder su avergonzado rostro bajo la
carpeta morada que tenía en sus brazos. Pero su amiga la retuvo aferrándola del
brazo, haciendo que se acoplara a su caminar; no la soltó en ningún momento, y
esto incomodó aún más a Mikio.
.- ¿Piensas contestarme o seguirás huyendo y dando razón a
mis argumentos?
.- … Hay alguien. –murmuró en tono muy bajo, casi como un
suspiro, pues le daba mucha vergüenza hablar de esas cosas y más con alguien a
quien acababa de conocer hará un par de semanas, aunque ya fuesen muy buenas
amigas y estuvieran siempre juntas en clase. Miró de reojo a la morena, y ésta
le dedicó una mirada de esas que te obligaban a confesarlo todo de una vez por
todas.- No sé su nombre… pero era muy guapo.
.- ¿Era? ¿Acaso no os habéis visto de nuevo? –inquirió su
amiga con repentino interés, aferrando quizá con más fuerza el antebrazo de
ella.-
Se mordió el labio inferior, alzando la vista al cielo
azulado, entrecerrando sus dorados ojos al sentir por un momento cómo los rayos
solares la cegaron por apenas un par de segundos. Llevó su otra mano a modo de
visera y mantuvo su atención en algunas nubes que pasaban con lentitud.
.- Fue hace unos cuatro meses…
“.- Sniff… sniffff… -los eternos sollozos hacían mella en
el corazón de la pequeña peliazul, tratando por todos los medios de levantarse
del suelo y seguir caminando, pero no era capaz, le dolía demasiado el pecho
como para hablar o hacer cualquier tipo de movimiento. Un corazón roto era lo
más doloroso del mundo.
Acababa de dejarlo con su actual pareja, Dante de Rivia, un
hombre amable y dulce que siempre había cuidado de ella como a la que más;
ambos salieron durante varios meses y eran felices, sin embargo él comenzaba a
pasar menos tiempo con la joven, y ella se sentía sola, por lo que varias
disputas hacía estragos en su relación que poco a poco se iba enfriando. A
pesar de que ella le quería, sabía que en el fondo de su corazón, no era como
al inicio cuando se conocieron, no sentía lo mismo, y él tampoco.
Por ello mismo, tras una fuerte discusión entre la
pareja, ella salió de su casa a pesar de la inmensa lluvia que atormentaba a la
ciudad. Solamente se llevó el primer paraguas que encontró, y salió corriendo
de allí, dejando que las cristalinas lágrimas surcaran las sonrosadas mejillas
de la japonesa.
Se había tropezado con un charco de barro, cayendo al
suelo de rodillas, y allí se quedó, acuclillada, con las rodillas arañadas y
las piernas manchadas de agua y barro, y le daba igual, sólo quería llorar,
escondida bajo ese paraguas azulado. Estaba empapada, y completamente sola,
pero aquello no le impedía que su corazón estuviese roto del dolor.
Para sorpresa de ella, se escuchó unos pasos aproximarse,
hasta que una esbelta y oscura sombra de figura masculina se plantó justo
frente a la joven de cabellos azulados. Al darse cuenta de que tenía compañía,
acalló los sollozos, simplemente para que no la escuchara, porque ni mucho
menos pudo retener las lágrimas en sus párpados.
Pronto el joven recién llegado se agachó a su altura,
colocando una mano en la cabeza de ella, como si se tratara de una niña
pequeña. Esto hizo que la joven acallara, y alzara la vista para poder
observarle mejor; sin embargo entre la lluvia y los acuosos ojos no podía
distinguir su rostro con veracidad.
.- Una niña tan bonita no puede estar llorando de esta
manera, no tan sola y con esta lluvia… -su voz era muy varonil, calmada y
serena, como si no hubiese nada más importante que hacer en aquel momento que
animar a la pequeña que sollozaba frente a él.
Parpadeó varias veces, limpiándose con la manga de la
camisa algunas pequeñas lágrimas amontonadas en sus mejillas. En ese momento si
pudo apreciar su rostro. Y su corazón, por un momento, paró en seco de latir,
al igual que su mente, que pronto borró cualquier doloroso recuerdo y obvió
todo lo que había a su alrededor para prestar una completa atención a chico que
tenía delante.
Era muy atractivo, sus rasgados y finos ojos azulados,
como el frío hielo, parecían dignos de un felino, de una bestia salvaje. Su
cabello corto estaba bien peinado, quizá un poco revuelto, pero de un negro
azabache muy brillante. Sus labios dejaban entrever una pequeña y cauta
sonrisa, que casi era una fina línea con las comisuras curvadas, pero no demasiado.
Vestía con unos tejanos y una camisa negra ajustada, era sencillo pero muy
sexy. Poseía unas manos grandes y fuertes, y sus músculos en el torso podían
asomarse ligeramente entre la tela de su negra camisa de manga larga.
Nuevamente acarició su cabello en un intento de
consolarla mejor, acercando su rostro hacia el de ella, lo que hizo que el
corazón de la peliazul volviese a bombear, pero ésta vez de puro nervio, con
rapidez, casi al galope. Tragó saliva cuando él apoyó su frente con la de la joven
y cerró los párpados tranquilamente.-
.- No tienes fiebre… Vete a casa, es muy tarde, ¿vale? Y
sonríe… seguro que tienes una sonrisa muy bonita. –se separó de ella y se puso
en pie.- Nadie merece hacerte llorar de esa manera…
Cuando quiso percatarse, en el rostro de la joven se
asomaba una amplia y dulce sonrisa, que sólo pudo sacar por y para él, gracias
a su ayuda. Y a pesar de que no tenía fiebre, una inevitable rojez cubrió sus
pómulos blanquecinos. Él borró esa sonrisa y giró sobre sus talones cuando la
vio más calmada, alejándose bajo la oscura noche, desapareciendo de su vista.
Entonces Mikio se dio cuenta de algo muy importante y a
la vez estúpido…”
.- … y me enamoré de él. –finalizó la historia con aquella
corta frase. Percatándose entonces de que ya habían llegado a la casa de su
amiga, pues en el buzón ponía “Wulff”.- ¿Es aquí donde vives? –miró de reojo a
su compañera, dando un salto asustada al ver cómo le corrían ríos de lágrimas y
se mordía la corbata de su informe del instituto, con claro signo de emoción
ante el relato que le había contado.- ¿Qué te…?
.- ¡Es una historia preciosa! ¿No sabes su nombre? ¿Y su
apellido? ¿Su edad? ¿Dónde vive? ¿En qué trabaja? ¿Estudia? ¿A qué se dedica?
¿Cuáles son sus hobbies? ¿Le gusta tocar… ? ¡Ayyyyy! –acalló la cantidad de
preguntas cuando una tercera persona hizo acto de presencia, dándole una buena
colleja a la morena.- ¡Que no me pegues, que estoy estudiando, tonta!
.- El día que tú estudies, los cerdos volarán, y las ranas
criarán pelo. –comentó con tranquilidad una hermosa joven más altas que las dos
amigas.
Era una chica alta y delgada, con unos enormes y preciosos
ojos rojos como la sangre; su cabello no era muy largo, pero poseía un color
verdoso que hasta los mismos árboles envidiarían. Su rostro era de una chica
madura y atractiva, con buenas caderas y unos pechos turgentes y bien puestos.
Vestía de forma muy elegante y parecía ser seria y reservada.-
.- ¡Cállate Ebba, nadie te ha llamado como para que te
metas! Vete por ahí. –bramó con enfado la joven Wulff, cruzándose de brazos.-
Ojalá no fueses mi hermana…
.- Pues lo soy, y tú niña cierra la boca ya, que estás
asustando a tu amiga… -clavó sus burdeos ojos en la desconocida de cabellos
azules, a lo que ella se agazapó ligeramente, aferrándose con mayor fuerza a su
carpeta.
¿Acaso eran hermanas? Tenían un aire similar, pero aún así
no eran precisamente iguales como para creer que tenían la misma sangre. Ambas
hermanas seguían conversando entre ellas, pero la peliazul las analizaba
detenidamente buscando rasgos parecidos que se les asemejara, por lo que no se
percató de lo que charlaban. Cuando Mikio quiso decir algo, Anne enseguida la
calló cogiendo sus manos con ilusión.
.- ¡Vamos, vamos! ¡Ebba me ha dicho que él está aquí!
Tiró de su brazo arrastrándola literalmente hasta el
interior de la casa, seguidas de la peliverde que iba con más parsimonia
mirando a otra parte, como si cualquier otra cosa en el lugar fuese más
interesante que los chillidos de su hermana menor.
.- ¿Quién está aquí? –preguntó curiosa, enarcando una ceja,
caminando a tropezones para poder seguir el rápido ritmo de su compañera.
.- ¡Él! ¡El chico del que estoy enamorada!
.- ¿Anda si? –sonrió ampliamente al escucharla, ladeando el
rostro para mirarla mejor, subiendo las pequeñas escaleritas de la casa con
intención de ir a la puerta y entrar en ésta misma a conocer a ese chico.- ¿Y
cómo…? –no le fue posible terminar la cuestión, pues se dio de bruces contra un
fuerte torso, lo que la hizo tambalear y caer de culo al suelo, con una mueca
de dolor.- Ay…
.- ¡Mik! ¿Estás bien? Qué hostia más tonta… -la morena no
tardó en ayudar a su amiga, ofreciéndole su mano para que se pusiera en pie,
inclinándose al hacerlo. Lo que aprovechó para acercarse al oído de ella y
susurrarle.- Es él, es el chico del que estoy enamorada desde hace años.
La peliazul alzó la vista y clavó su dorada mirada en el
joven, comprendiendo en un momento que a ese chico le había conocido
anteriormente. Esos ojos, ese rostro, su cabello, si figura y su seriedad…
.- Mikio, te presento a Tory Ivanov, Tory, ésta es Mikio. Mi
nueva amiga y compañera de clase. –pronunció orgullosa la joven, alzando a su
amiga para que pudiese ponerse erecta.
Pero a la peliazul aún le temblaban las piernas, y se le
había olvidado hasta el hablar, y sólo sentía sus labios temblar al no ser
capaz de contener la sorpresa. La azulada mirada de él la analizaba por
completo, como si quisiera desnudar su interior con sólo un vistazo.
.- Un placer conocer a una amiga de la enana, Mikio.
Y fue cuando le pedí a la tierra que me tragase. Estaba
enamorada del mismo hombre que Anne.
# Continuará…

*^* Adfasdfasdfasdfasdffdfdfsdsdfas ¡Sigelooooo! *w*
ResponderEliminarLo haré *-*
ResponderEliminarOMG. 8'D
ResponderEliminarDios estaba aburridísima en el tuenti,me dió por poner 'Blog' a ver qué me encontraba en la segunda página me encontré con tú página. (Qué irónico. x'D) Y sólo me he creado una cuenta para poder hablar contigo y decirte qué me encanta cómo escribes y que la historia está muy bien desarrollada. Me quedé con las ganas de leer más...y eso que yo no soy de leer mucho. xDDD
Bueno felicidades,me alegro de a ver visto la página.
Espero qué sigas,de verdad. *^*
*-* ... -emoción.- Muchísimas gracias Naira! De verdad T-T ains, qué ilusión me hace...
EliminarPues ahí está el capítulo dos :3 y espero que te guste! Aunque vi algunas faltas de ortografía (eso me pasa por no repasar después de escribir xD) aún así gracias! Y espero que sigas leyendo :3
Byeee!